Perder a la pareja de toda una vida es un golpe emocional devastador, y en España, a menudo viene acompañado de un segundo golpe, la precariedad económica. Miles de viudas y viudos se enfrentan en 2025 a una realidad aritmética cruel, aunque el Gobierno anuncia subidas porcentuales, la cuantía real que llega al bolsillo sigue siendo insuficiente para afrontar el coste de vida actual.
Las noticias confirmadas este mes de noviembre de 2025 por medios como El País y El Independiente aportan cifras exactas a esta situación. La pensión media de viudedad, que se sitúa en torno a los 937 euros, experimentará una subida media de apenas 25 euros al mes para el próximo año. Para las pensiones mínimas, el incremento intenta ser algo mayor, pero la realidad es que para quien cobra menos de 1.000 euros, un aumento de veinte o veinticinco euros apenas cubre la subida del precio del aceite o de la electricidad.
La trampa silenciosa de la pensión de viudedad
El origen de esta precariedad es estructural. La pensión de viudedad se calcula, por norma general, aplicando el 52 % a la base reguladora del fallecido. Este porcentaje, pensado hace décadas en un contexto social diferente, condena hoy a la soledad a quienes sobreviven. Si la pareja fallecida tenía una cotización media o baja, la viuda queda automáticamente por debajo del umbral de pobreza, salvo que tenga cargas familiares o ingresos propios muy bajos que le permitan acceder a complementos de mínimos.
A esto se suma la famosa letra pequeña que muchos descubren tarde,: la incompatibilidad o los límites de ingresos. A menudo, los viudos y viudas que intentan trabajar o rehacer su vida se encuentran con un laberinto burocrático que amenaza con retirarles la prestación si superan ciertos límites de rentas, manteniéndolas en una trampa de pobreza subsidiada.
Las consecuencias son visibles en los supermercados y en las facturas impagadas, personas mayores, mayoritariamente mujeres, que deben elegir entre encender la calefacción o comer carne fresca, a pesar de que las estadísticas oficiales señalen que su pensión «ha subido». La sensación de desamparo es total cuando, tras una vida de aportación familiar, el sistema devuelve las migajas.
La labor de ADAC
Aquí es donde la labor de ADAC se vuelve imprescindible. Más allá de las grandes cifras, la asociación se enfoca en los casos de manera individualizada.: Así, revisa si se está aplicando el porcentaje correcto que puede subir al 60 % o 70 % en ciertos casos de cargas o bajos ingresos, reclama complementos de maternidad mal calculados, o luchar contra denegaciones injustas por parejas de hecho no inscritas a tiempo. Porque 25 euros pueden suponer solamente un número para el Gobierno, pero ser la diferencia entre llegar a fin de mes o no para personas en situación de viudedad.
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