Jubilación escalonada: paradojas de 2025
Cada vez son más los trabajadores que, al acercarse a la edad legal de jubilación, buscan una salida progresiva del mercado laboral. A pesar de haber cotizado durante más de 30 años, muchos descubren que la jubilación parcial, originalmente pensada para facilitar este proceso, ha acabado siendo un recorrido lleno de trabas burocráticas y requisitos más estrictos y rígidos.. Esta situación lejos de fomentar el relevo generacional, está dejando a miles de profesionales atrapados entre la necesidad de descanso y unas normas que penalizan la flexibilidad.
La noticia, detallada recientemente por Bankinter y sindicatos como USO en marzo de 2025, pone el foco en los cambios que entraron en vigor el pasado 1 de abril de 2025. Aunque la reforma permite ahora adelantar la jubilación parcial hasta tres años antes de la edad ordinaria, las condiciones se han vuelto mucho más rígidas. Para acceder a esta modalidad con 62 años, el trabajador debe acreditar ahora al menos 38 años y 3 meses cotizados. Si no alcanza esa cifra, su salida se pospone inevitablemente, obligándole a mantenerse en activo a tiempo completo a pesar de décadas de esfuerzo acumulado.
Las consecuencias del retraso en la jubilación
El origen del problema reside en el endurecimiento progresivo de las edades y periodos de cotización exigidos por la reforma de las pensiones. El sistema busca retrasar la jubilación real a toda costa para garantizar la sostenibilidad de las cuentas públicas, pero lo hace a menudo a costa de la salud y el bienestar de los trabajadores más mayores. Además, la nueva norma impone limitaciones estrictas a la reducción de jornada durante el primer año (solo entre el 20% y el 33%), lo que impide a muchos profesionales una reducción significativa de su carga de trabajo cuando más lo necesitan.
A ello se suma la complejidad para las empresas. El contrato de relevo asociado a la jubilación parcial debe ser ahora, por norma general, indefinido y a tiempo completo, y mantenerse al menos dos años tras la jubilación total del trabajador relevado. Esta exigencia, aunque positiva para la estabilidad del empleo joven, está provocando que muchas pequeñas y medianas empresas rechacen las solicitudes de jubilación parcial de sus empleados veteranos por miedo a la rigidez de los costes laborales a largo plazo.
Penalizaciones que se arrastran de por vida
Las consecuencias económicas son significativas. Para un trabajador que no logra acceder a la jubilación parcial, la única alternativa suele ser la jubilación anticipada total con sus correspondientes coeficientes reductores, lo que se traduce en una pérdida permanente de la cuantía de su pensión. A lo largo de toda su etapa de retiro, esta diferencia puede equivaler a decenas de miles de euros. Pero más allá de los números, lo que realmente duele es la sensación de que el sistema cambia las reglas del juego justo cuando el trabajador está a punto de alcanzar su objetivo.
La labor de ADAC
Ante esta realidad, ADAC se ha convertido en un apoyo esencial para quienes planean su jubilación. Su labor consiste en auditar las vidas laborales para verificar si se cumplen los nuevos y exigentes umbrales de cotización, analizar la viabilidad del contrato de relevo y asesorar a los trabajadores en la negociación con sus empresas. Su objetivo es claro: garantizar que cada trabajador pueda ejercer su derecho a una salida digna y progresiva del mercado laboral, asegurando que el cálculo de su futura pensión no se vea perjudicado por una mala gestión de estos últimos años de actividad parcial.
El caso de la reforma de la jubilación parcial demuestra que el camino hacia el retiro es hoy más estratégico que nunca. Revisar los periodos cotizados con antelación y comprender las limitaciones de jornada antes de firmar el acuerdo con la empresa puede marcar la diferencia entre un retiro pausado y una prolongación forzosa de la vida laboral bajo condiciones de agotamiento.
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